Raoul Vázquez debuta con ‘El Pecado’, su primer CD autoeditado, este mes de junio. Se coloca con su trabajo en el #1 a las pocas horas de ver la luz.

La espera valió la pena, y Raoul Vázquez ya tiene un trabajo discográfico fuera. ¡Escuchémoslo!

Suena ‘El Niño’ que, empujado del cielo a caer con el paso de las canciones, es por ahora un refugiado en la calidez de su hogar, con absoluta ambición, tan ajeno a lo que le espera ahí fuera. Se convierte en ‘Prisionero’ rápidamente, ya expuesto al mundo, consciente de que algo en él no encaja con la expectativa.

En esta cárcel busca comprensión, muy inquieto ante la idea de tener que cambiar. No quiere, lo tiene claro, pero sigue siendo un prisionero. Raoul, que ya estuvo al frente de la reivindicación con «el amor, la libertad y la visibilidad», confiesa en sus letras haber necesitado ese apoyo para sí mismo.

Y lo encuentra. Deja de ser preso y se corona como ‘Un Ganador’. Se acompaña de coros infantiles para dar fuerza a este himno tan dulce y desenfadado, tan «a lo revolución sexual». Junto al emotivo discurso de Javi Calvo, y sin nada que envidiar a otras celebraciones de amor propio y diversidad sexual, añade a ‘El Pecado’ una pizca de empoderamiento. Es, sin duda, el tema más bonito de todo el álbum. Cerramos la etapa del Raoul indefenso, y lo hacemos con total seguridad y ningún reparo en anunciar libertad y aceptación. ¡Y qué buen rollo transmite!

Nos topamos con un primer y breve interludio, cortesía de Loles León, y nos metemos con una fusión perfecta en la carismática melodía con la que Raoul homenajea a su madre: ‘Su Príncipe’. De alguna manera, con esta canción entramos en la vida adulta de su autor.

La dulzura protagoniza este tema que, con motes cariñosos como «ratón» y «mi amor», nos presenta ya la problemática de esa relación a la que Raoul dedica sus canciones. Sin embargo, lo hace con tono desenfadado y alegre, así como emotivo (escuchamos la voz de su madre en la propia canción).

En ‘Lobo Feroz’ ya estamos agradecidos al aprendizaje y crecimiento personal, fruto de la decepción social y romántica. Se dibuja un claro «hasta aquí hemos llegado». Vázquez se lanza sin problema a recordar que no solo por no hablar está aceptando toda la culpa que los que sí hablan le cargan encima («no es el malo sin más», dice su canción). Gracias a Dios, es el lobo feroz.

¡Y nos vamos a la cara B! La abre con un interludio asfixiante. Las multitudes gritando, su respiración agitada y la poca calma al cerrar una puerta. ‘Ansiedad’, como se llama la primera canción de esta segunda parte, es la más cruda y transparente de todas ellas. Habla del impacto de las redes sociales, del odio que se interioriza de tanto consumirlo. Es, a nivel audiencia, la más dura de escuchar, pues es la única en la que podemos haber sido partícipes. Aun así, es una balada preciosa como las que tanto deseábamos escuchar con su voz… Y cómo duele escuchar su lamento en «No todos nacemos sabiendo fingir».

A estas alturas del CD, nos reencontramos con nuestra querida ‘Lo que debe pasar’, esa despedida de un amor de reproches, pero no por ello menos amor, ni menos doloroso. En este tema se va, y en el siguiente se lo justifica a sí mismo, en ese ‘Nunca imaginaría’ que describe la traición y los motivos de su partida con una melodía más bien relajante y con cierto punto sensual.

Para terminar de despedirse, escribe una carta en segunda persona, en crudo y en desnudo: ‘Por pecados como tú’. Y es, francamente, la mejor despedida de todas. Hace hincapié en su incondicionalidad previa, en la sumisión a la que ha sido tan fiel, y en el miedo actual. Aquí, afortunadamente, ya menciona el amor propio que, aunque todavía cuesta, ya vale la pena. Es la joya del CD, la resolución del conflicto, el punto perfecto de fragilidad.

Hubiese sido sencillo caer en mensajes retorcidos, de señalar con el dedo y manchar de rencor, pero a elegancia no le gana nadie, y a respeto tampoco. ‘El pecado’ es un álbum responsable, de hormiga que ha trabajado en silencio a pesar del jaleo externo. Y es un álbum vulnerable, uno que pone nombre al miedo, al dolor y a la fragilidad, sin falsas fachadas de plomo. Valiente como pocos.

Cerramos capítulo con ‘Los chicos de oro.mp3’, el relato agradecido de haber dejado atrás al pecado. Ya se ha superado el amor, el niño ya ha crecido y ahora se quiere el doble.

Solo queda agradecer el regreso de este artista y desear que su debut sea solo su primer paso. Lo bueno se hace esperar, y no cabe duda cuando vemos una historia bien hilada como la de ‘El pecado’ que, además, nace ya acompañada de vídeos para cada canción.

 

Imagen principal: Raoul Váquez para ‘El Pecado’